Cycle Report

El S&P 500 cerró el periodo en 7.413,18 puntos, ligeramente por encima de los 7.383,74 registrados a comienzos de junio, aunque después de haber alcanzado un máximo de 7.575,39 puntos durante la primera semana de julio. La evolución refleja un mercado todavía resistente, pero con una pérdida progresiva de impulso. El GVC Momentum pasó de 81,02 a finales de mayo, nivel claramente compatible con una fase de sobrecompra, a 69,67 a comienzos de julio, antes de moderarse hasta 48,12 al cierre del periodo. En paralelo, el GVC Risk se mantuvo relativamente estable, descendiendo desde 38,09 hasta 35,38. Esta combinación muestra una reducción de la euforia sin que, por el momento, se haya producido un deterioro significativo de la percepción de riesgo.

La evolución del mercado estuvo condicionada por señales contradictorias procedentes del empleo y la inflación. Estados Unidos creó únicamente 57.000 empleos no agrícolas en junio, muy por debajo de lo esperado, mientras la participación laboral descendió del 61,8% al 61,5%. Aunque la tasa de paro bajó hasta el 4,2%, el descenso respondió principalmente a una menor población activa. Wall Street interpretó inicialmente el dato de forma favorable, al reducir la probabilidad de una subida inmediata de tipos, pero también aumentaron las dudas sobre la fortaleza del crecimiento.

Las actas de la Reserva Federal mostraron, sin embargo, una creciente preocupación por la inflación y confirmaron que una nueva subida de tipos seguía siendo una posibilidad real. Esta lectura mantuvo elevada la sensibilidad de los mercados a los datos macroeconómicos, especialmente en los sectores tecnológicos y de crecimiento. El rendimiento de la deuda pública pasó del 4,37% a finales de junio hasta un máximo del 4,68% durante julio, antes de moderarse ligeramente hasta el 4,64%.

El IPC de junio ofreció cierto alivio al caer un 0,4% mensual, mientras la inflación interanual se moderó desde el 4,2% hasta el 3,5%. La inflación subyacente también descendió hasta el 2,6%, favoreciendo temporalmente a la tecnología y a los bonos. No obstante, el repunte del petróleo hacia los 95-100 dólares por barril, asociado al conflicto con Irán, mantuvo el riesgo de nuevas presiones inflacionistas.

Al mismo tiempo, la inversión empresarial ligada a la inteligencia artificial continuó sosteniendo la actividad, con un fuerte crecimiento de los pedidos y envíos de bienes de capital. En conjunto, Estados Unidos entra en el nuevo periodo con una bolsa todavía sólida, pero con menor Momentum, tipos elevados y una creciente dependencia de la inversión tecnológica. El equilibrio entre enfriamiento laboral, inflación, energía y política monetaria seguirá determinando la dirección del mercado.

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